OBJETIVOS DE FUTURO

OBJETIVOS DE FUTURO

LA FOTOVOLTAICA, LA GRAN OPORTUNIDAD DE UN FUTURO PRÓSPERO.

La generación fotovoltaica se ha convertido en la gran respuesta de la humanidad al reto más importante que ha tenido que afrontar desde que los primeros homo sapiens poblaran el Planeta: evitar que nuestra gran casa común, la Tierra, dejara de ser habitable para la mayoría de las especies que la pueblan, por causa de las actividades energéticas que el ser humano ha desarrollado durante sus doscientos últimos años de historia, una insignificancia temporal que ha ocasionado un daño ya irreversible, que será letal si no reaccionamos a tiempo.

En menos de una década, la generación fotovoltaica es capaz de producir energía eléctrica a 30 € el MWh, reduciendo en un 90% sus costes. Un verdadero milagro que nunca hubiera sido posible sin el esfuerzo inversor que se realizó a inicios de esta centuria en los países desarrollados y, muy singularmente, en España, que se convirtió en el gran referente de este vital desarrollo tecnológico.

El Estado, en no pocas ocasiones, ha sabido suplir las deficiencias del mercado, siendo un ejemplo significativo las tarifas reguladas que se otorgaron a las primeras instalaciones renovables, sin las cuales hubiera sido imposible tener ahora la oportunidad de implantar el nuevo modelo energético, que nos permitirá mantener nuestro progreso y nuestro bienestar. Sin el impulso que los Estados dieron a las renovables, ahora solo habría una opción para evitar los escenarios más devastadores del cambio climático: paralizar el crecimiento e iniciar sendas regresivas que nos devolverían a situaciones preindustriales.

Afortunadamente, y a la espera de que los impulsores de tecnologías como la fotovoltaica sean restituidos por su esfuerzo inversor y recuperen la seguridad jurídica que les fue arrebatada, contamos con la posibilidad de generar energía con el Sol y el viento. El Sol es el gran activo de nuestro país, el turismo y la agricultura son sectores que combaten nuestro endémico déficit comercial, producido por la necesidad de importar productos energéticos, y es también ese Sol que luce cerca de 3.000 horas anuales, el que nos permite gozar de energía barata y no contaminante, además de redistribuir sus beneficios económicos.

El camino de la transición ecológica ya se ha iniciado en el Mundo y, aunque con retraso, también en España, empezamos a disfrutar de una energía que cada día será más y más barata y que nos está permitiendo abordar la descarbonización de la economía sin merma en la competitividad, más bien, al contrario, en el caso de España con una importante ventaja competitiva con respecto al resto de Estados de la Unión Europea. Ahora, tras los vertiginosos avances tecnológicos experimentados en fotovoltaica, el Sol vuelve a ponerse de nuestra parte, pero sus beneficios económicos podrán quedar concentrados o distribuidos. El ingente volumen de recursos que mensualmente destinamos los ciudadanos a comprar energía puede permanecer concentrado y fuera de nuestro entorno o repartido en nuestras economías locales. Ese es ahora el gran reto que se debe abordar: la transición justa.

No habrá transición justa si no se reconoce la labor y el esfuerzo de las 60.000 familias españolas que destinaron todos sus ahorros e hipotecaron sus bienes para el desarrollo y la generación de energía solar fotovoltaica, atendiendo un llamamiento del Estado, que les presentó esta misión como segura, rentable y ética. Un sector que ha soportado de manera estoica un carrusel inacabable de recortes retroactivos que han mermado sus ingresos hasta en un 50% de la tarifa que el Estado ofreció y motivó estos desarrollos. Tampoco podremos hablar de transición justa si la propiedad de las instalaciones queda en manos de un reducido grupo de empresas y no se socializa. Los ciudadanos tenemos el derecho a producir energía a través de cualquier fuente de generación y, singularmente, a través de la tecnología fotovoltaica, la más modular y accesible. Los españoles debemos tener acceso a la posibilidad de reducir nuestros gastos en hogares y empresas a través del autoconsumo y, también, a producir energía para el suministro a través de la red general y obtener así complementos de renta, que sirvan para alimentar las economías locales y evitar los males que ocasionará el abandono de los entornos rurales.

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